Madre e hijo, compañeros de clase
Pablo Martínez y Patricia Añares comparten pupitre en el curso de preparación para la prueba de acceso a los Ciclos Formativos de Grado Superior que se imparte en el Centro de Adultos de Santander. Pero además de ser compañeros de clase, lo que muchos de los alumnos del curso desconocen es que Patricia y Pablo son madre e hijo. Caminos diferentes han llevado a esta madre y a su hijo hasta las aulas de las antiguas Escuelas Verdes, donde compartir cuadernos, libros y exámenes les está permitiendo conocerse mucho mejor. «Fíjate que hace poco Pablo me ha dicho: ¡Mamá: desde hace dos meses parece que estás empanada!.Y yo le he respondido: ¡No, no es que esté empanada, es que yo soy así, soy despistada!», comenta Patricia entre risas para explicar que es ahora cuando madre e hijo se están conociendo de verdad.
Ambos coinciden al señalar que la experiencia es estupenda e incluso recomendable. «Por el horario que yo tenía en mi trabajo no veía mucho a mis hijos y es ahora cuando les estoy conociendo», dice Patricia. Pablo opina de forma parecida: «Siempre hay cosas de tu madre que no conoces y ahora, cuando ves un detalle mínimo, te dices: ¡anda, pues si es que es así!».
Patricia Añares nació en Madrid hace 40 años. Se casó a los 19 y se trasladó a vivir a Santander donde nació Pablo que ahora tiene 20. Los primeros años de matrimonio estuvo dedicada al cuidado de Pablo y de su hermana Isabel. Hace siete años empezó a trabajar en Carrefour, en el departamento de Atención al Cliente. Además de trabajar, Patricia era voluntaria en la Federación de Personas Sordas de Cantabria, una actividad que le gustaba mucho. «Llega un momento en que tengo que elegir: o trabajar o formarme para poder sacar el título de intérprete de lenguaje de signos».
Trabajo con personas sordas
Y Patricia lo tuvo muy claro: quiere dedicarse a trabajar con las personas sordas de manera profesional y para ello necesita formarse y tener una titulación oficial. Ahora, en su primer año de paro, espera superar el Curso para la Prueba de Acceso al Grado Superior, «que es lo que creo que me va a costar más porque supone volver a estudiar, volver a cosas que tenía olvidadas». Si aprueba, en octubre, comenzará el Grado Superior de Intérprete de Lenguaje de Signos que se imparte en el Instituto Santa Clara.
Para Pablo ha sido un poco más fácil volver a coger los libros. Después de terminar la ESO empezó diseño gráfico y abandono en primer curso. Más tarde se preparó para las pruebas de acceso a técnico deportivo y superó un curso de monitor de tiempo de libre. Fue el verano pasado, trabajando como monitor en uno de los campamentos urbanos que se celebran en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, donde empieza a ver con claridad qué es lo que quiere hacer en el futuro. «Me gustó la experiencia y por eso me gustaría ampliar y hacer el grado superior de Animación Sociocultural y poder hacer otras cosas, como trabajar en hoteles», explica.
El primer paso
Patricia fue la primera que decidió apuntarse al curso mientras Pablo «estaba empezando a pensar si hacía el Grado Superior y, al final, también me apunté». Lo que ninguno de los dos pudo imaginar era que no sólo iban a ir al mismo centro, sino que también compartirían aula, compañeros y profesores.
«Al principio me daba un poco de apuro por él, porque igual a Pablo le daba vergüenza estar conmigo en clase, pero ha sido todo lo contrario», comenta Patricia. Orgulloso del paso que está dando su madre, Pablo dice que algunos de sus amigos «se quedan boquiabiertos» cuando les cuenta que va a clases con su madre por las mañanas y luego por la tarde, en su casa, se ayudan en las tareas. «Cuando ha tenido la oportunidad se ha puesto las pilas y ha vuelto a estudiar», resume el joven.
«Todo el mundo se extraña cuando le digo que he vuelto a estudiar y que voy a clase con mi hijo», comenta Patricia, quien no deja de reconocer que le da un 'subidón' cuando alguien le pregunta si es la hermana mayor de Pablo.
«Mi marido y me hija me están apoyando mucho y si no fuera así no podría hacer lo que estoy haciendo», explica la madre, consciente de que su vuelta a los estudios ha trastocado en buena medida la vida diaria de su familia. «Mi marido colabora mucho en casa y gracias a eso puedo hacerlo».
Además de las clases a las que asisten de lunes a jueves en el Centro de Adultos, Patricia y Pablo tienen que estudiar en casa. Ahí también hay colaboración porque, «si no lo preparas en casa, te quedas atrás y no lo sacas», dice la madre. «Cada uno hace sus tareas pero es normal que preguntes: ¿te acuerdas de esto?, yo no se cómo se hace esto, ¿me ayudas?». El punto débil de Patricia son las matemáticas y es ahí donde Pablo le echa una mano. Sin embargo, el hijo suele pedir ayuda a la madre con el inglés porque «siempre me han gustado los idiomas y se me da bien».
Ambos coinciden en destacar la importancia que ha tenido para ellos poder asistir al Centro de Adultos de Santander porque sacar el curso apuntándose a una academia no les hubiera sido posible por el precio que deberían pagar. «Esto está fenomenal. Sobre todo ahora, con la crisis, no hubiera sido posible que los dos nos apuntásemos a una academia para sacar el curso», señala Patricia que, además de asistir a las clases del curso para el acceso al grado superior también se ha matriculado en una taller de francés en el mismo centro.
Obtenido de la página web: http://www.eldiariomontanes.es/v/20120311/cantabria/madre-hijo-companeros-clase-20120311.html